Trump: la IA no necesita más reglas, sino competencia
El presidente rechazó el pedido de Anthropic, OpenAI y otros labs de frenar el desarrollo. Dice que ya hay poder penal y regulatorio, y que el único feliz con el freno sería China. Desde Palantir y la Casa Blanca les responden: si les preocupa, párense ustedes.
Donald Trump cerró el lunes la puerta a una nueva oleada de restricciones federales sobre inteligencia artificial. En Truth Social escribió que el único “guardrail” que hace falta es “un PRESIDENTE FUERTE E INTELIGENTE” y que Washington ya tiene “enorme poder CRIMINAL y REGULATORIO” sobre las compañías. El resto, dijo, es un “HOAX” y una “conspiración enfermiza” contra la IA y los data centers. El único que sonríe, agregó, es China.
El disparador fue el ensayo de fin de semana de Dario Amodei, CEO de Anthropic, pidiendo un enfriamiento global del desarrollo. Lo secundaron, con matices, Sam Altman (OpenAI), Elon Musk (xAI) y Demis Hassabis (Google DeepMind). Las acciones del sector temblaron el lunes. Trump no discutió el riesgo técnico: cuestionó la sinceridad de quienes piden que el Estado les ponga el freno a todos.
Que se regulen ellos
Esa es la línea que viene de la propia administración. David Sacks, exzar de IA de la Casa Blanca, lo dijo sin vueltas: si OpenAI y Anthropic creen que la frontera va demasiado rápido, que se ralenticen solas. No usen a Washington para obligar al competidor.
El vicepresidente J.D. Vance fue más duro: le resulta “un caballo de Troya” que las empresas de frontera vayan al gobierno a rogar regulación. Speaker Mike Johnson rechazó una moratoria de emergencia con el mismo argumento.
La sospecha liberal es vieja y sigue siendo la correcta: cuando el incumbente pide “reglas”, muchas veces pide un candado a la entrada. Una licencia federal para modelos frontier beneficia a quien ya entrenó el modelo de mil millones y castiga a quien viene detrás. China no va a firmar esa tregua.
Palantir: el mercado ya pone condiciones
Mientras el debate político explota, Palantir —junto con Nvidia y Booz Allen— está haciendo lo que el Estado no tiene que hacer: exigir cláusulas. Reuters e The Information revelaron que presionan a Anthropic y OpenAI para que garanticen retención cero de datos de clientes. Si no hay esa garantía, no suben esos modelos a su plataforma.
El roce viene de junio, cuando Anthropic impuso 30 días de logs para detectar ataques. Dijo que no los usa para entrenar. A empresas de defensa y sectores regulados no les alcanza. Palantir y Nvidia ya ofrecen correr modelos abiertos (Nemotron) sobre datos propios, sin mandar el archivo al lab.
Alex Karp, CEO de Palantir, viene diciendo otra cosa que encaja con este clima: en el campo de batalla quiere la tecnología más letal disponible; en vigilancia interior, no. Eso también es una forma de “encargarse ellos”: contrato, cliente y reputación, no un ministerio de la IA.
Trump lo redujo a una frase: “WHOEVER WINS AI, WINS”. Es tosca y es verdad a medias. Quien gane la infraestructura, la energía y el talento gana poder. Quien entregue esa carrera a un comité de ética de laboratorio —el mismo que después factura al Pentágono— no está protegiendo a la humanidad: está eligiendo árbitro.
Hay riesgos reales: ciberataques, fraudes, modelos que se salen de control. Para eso ya existen derecho penal, responsabilidad civil y contratos. Si un lab produce un daño, se lo demanda y se lo persigue. Lo que no hace falta es un permiso previo para pensar.
La industria puede ponerse límites. Palantir ya lo está haciendo por el lado de los datos. Lo que no puede hacer es pedirle al Estado que congele a todos en el nombre de la prudencia. Eso no es seguridad. Es cartel.